viernes, 12 de marzo de 2010

¿Capitalismo con rostro humano? Entre los desaparecidos sociales y las claves del sistema.

Un ejercicio necesario

Si observamos las calles podemos ver y darnos cuenta que hay personas durmiendo en ellas, bañándose en las fuentes, madres con varios hijos con carencias evidentes.
Al mismo tiempo podemos advertir estacionados o transitando vehículos que valen 40.000 dólares, con personas que van protegidos con vidrios polarizados, personas que viven en casas de 500.000 dólares, barrios privados, etc. Y todo esto ocurre en nuestro país.
Estas son las dos caras de una moneda; para que existan los famosos y opulentos, deben existir los excluidos sociales, al decir de Moffat(1) los desaparecidos sociales(2) , los que viven en un presente inhumano.
Es necesario pensar en los que están viviendo (sufriendo) en las cárceles. Es público y reconocido por las autoridades correspondientes la situación de las cárceles: el hacinamiento, la falta de alimentos, la imposibilidad de realizar cualquier tipo de actividad, etc. En el informe del año 2008 realizado por SERPAJ, se puede constatar que en el Uruguay hay una inmensa mayoría de presos en los establecimientos carcelarios que pertenecen a los sectores pobres y explotados de este sistema y hay algunos reclusos criminales de lesa humanidad que viven muy bien en cárceles fabricadas exclusivamente para ellos(3) .
¿Los que manejan los vehículos que valen 40.000 dólares están sufriendo estas barbaridades?; ¿algún estafador profesional ha pasado por estos lugares?
Por supuesto que la respuesta es un rotundo no.
Propongo pensar ambos hechos, pues también son parte de la misma realidad.
Ha quedado demostrado que la justicia es muy lenta cuando se tiene que enfrentar a grandes casos de corrupción y estafa o por los menos plantea que no tiene los medios necesarios para avanzar cuanto quisiera (o dice querer)(4) . Es así que los estafadores quedan libres al poco tiempo. Es evidente que nunca son trasladados a uno de estos lugares “desesperantes” en los cuales viven hacinados los pobres.
En cambio, los que cometen un delito y son pobres van a parar a una celda que no tendrá ni agua, ni luz, ni ventilación.
[¿No serán los familiares de los que se están bañando en las fuentes?; ¿no es el futuro de muchos de los niños que están en la calle?; ¿no terminan allí muchos de los que dejan los centros educativos o directamente nunca pisan uno en su vida?]


Los medios de comunicación juegan su papel.

En los últimos días del mes de enero el show mediático (la dictadura de los grandes medios de comunicación) colocó su foco en un barrio de Montevideo. Este barrio es uno de los más carenciados de nuestro país. Allí las injusticias del sistema se pueden observar simplemente si pasamos por el lugar. No es nueva esta situación. Muchos niños de los que nacen allí son la sexta generación que viene al mundo en esas condiciones. No tienen agua, luz, alimentos, ropa. Sus necesidades básicas no están satisfechas.
Estos son los desaparecidos sociales, los que vemos pasar por la calle y los miramos mal, los que no tienen derecho a tener una casa, una cama en donde dormir y soñar y pensar en el otro día porque no saben si en la esquina un policía no los balea por pura confusión o para tranquilizar a la “población” diciendo que la zona está “bajo control”.
En la actualidad está instalada en buena parte de la sociedad la discusión sobre la seguridad pública y junto a esta visión algunos sectores plantean el bajar la edad de la imputabilidad para que los menores se hagan responsables de sus actos.
Esta perspectiva y discusión se viene manejando desde que un gobernador de Nueva York marcó el camino hacia la solución: tolerancia cero. Hoy la inseguridad es un tema central para los actores políticos, es un tema a solucionar con urgencia. De esta manera “se hace una pirueta retórica que les permite reafirmar a bajo costo la decisión del Estado de actuar con severidad frente a los “desórdenes” y liberar a ese mismo Estado de sus responsabilidades en la génesis social y económica de la inseguridad, para responsabilizar a los habitantes de las zonas”(5) rojas por los desórdenes que se suceden en las ciudades y por crear el clima de inseguridad pública.
La solución que se viene ensayando por parte del Estado la podemos observar en nuestra cotidianidad. Cada día hay más policías en las calles. Y en algunos lugares hay zonas ocupadas: unas para que la población no salga de esos lugares; y en otras para que los turistas puedan pasear y conocer el Uruguay Natural (y los casinos donde se puede apostar, hecho que no ocurre en nuestros países vecinos). De esta manera son detenidos, cacheados, ultrajados, humillados, muchas personas que viven en las zonas más pobres y que cometen el delito de existir.
Esa es la violencia que el sistema ejerce constantemente en estos barrios. Más específicamente es el asesinato que comete día tras día. El asesinato de no permitir tener una esperanza y un motivo para vivir(6) . Esto es el sistema capitalista hoy (aunque muchos piensen que decir esto es una postura sesentista, radical).
En este sistema “el dinero queda convertido en la fuente por donde todas las mercancías tienen que pasar para ver confirmado su valor. Por eso, desde la óptica del poseedor el dinero es la puerta a través de la cual se puede llegar a todas las mercancías”(7) . Por este motivo es que una inmensa mayoría de la población que vive en nuestro país sueña con poseer esa fuente de felicidad, para poder consumir y así ser parte de este sistema; el no poseer lleva a una frustración y en cambio el tener parecería que es el signo de estar integrados (esto es lo que ocurre con el famoso proyecto de N. Negroponte, conocido en Uruguay como Plan Ceibal(8)).
El problema surge a partir de la ilusión que se crea acerca de que todos los seres humanos puedan consumir lo mismo o que por lo menos aquéllos que tienen mayor poder de consumo tengan la responsabilidad y cumplan con las reglas de juego (ser buenos empresarios-patrones), para que los pobres puedan, por lo menos, vivir sin tener que salirse de los marcos de la ley (lo que se ha dado en denominarse el “capitalismo con rostro humano”). Lo que esta visión no tiene en cuenta es que el sistema siempre propone una nueva adquisición mejor y más nueva y que para eso hay que acumular y seguir invirtiendo para mejorar la producción o para especular y así obtener mayores ganancias (como se ha hecho históricamente en nuestro país(9) ). Y las ganancias nunca son suficientes, siempre se puede obtener un mayor lucro.
Por ese motivo es que se sacan ganancias de las armas, las cuales destruirán a millones de personas o de la pasta base, de la prostitución, el tráfico de personas, de la destrucción de la diversidad, etc.




Reflexión final

En nuestras acciones cotidianas, diarias se define lo que sucede todos los días en nuestra sociedad. El pensar qué hacemos todos los días, para qué lo hacemos, nos permitirá reflexionar sobre nuestro presente; sobre el gobierno que tenemos; sobre las relaciones humanas que desarrollamos; sobre los desaparecidos sociales; sobre cómo actuamos en nuestro trabajo o estudio, etc. Día a día y decisión tras decisión, vamos adquiriendo nuestros márgenes de libertad, de autonomía, podemos ir definiendo nuestro destino; las opciones que tomamos todos los días nos van creando. Por supuesto que de la misma manera podemos ir tomando opciones que nos marquen nuestros límites, el ser cada día más prisioneros de las instituciones en las que deambulamos, de nuestro trabajo, de las prácticas dominantes.
El hacer desaparecer a una buena parte de nuestra sociedad es un asesinato que cometemos todos los días. Esta es la principal violencia del sistema; así funciona el capitalismo.
Para poder sobrevivir como humanidad debemos encontrar los caminos para que estas personas aparezcan y logren realizarse como seres humanos. Siglos de experiencias nos demuestran que el capitalismo lo único que hace es aumentar la exclusión y la destrucción, por ello debemos concentrar nuestra energía en cambiar esta sociedad basada en la explotación del hombre por el hombre.


Notas

(1) Este no es un autor o académico de los que vive dentro de un instituto de investigación, o en una facultad hablando y analizando los problemas de los pobres o de los sectores populares, él tiene un trabajo cara a cara con estos seres humanos (al igual que los docentes en enseñanza primaria y secundaria, la mayoría de los profesionales universitarios nos los ven; eso sí, los estudian, bien de lejos)
(2) Al nombrar a los desaparecidos sociales piensa en los locos, presos, niños de la calle, ancianos olvidados en las casas de salud. MOFFATT, Alfredo, Terapia de crisis: la emergencia psicológica, BsAs, 2007.
(3) Derechos humanos en el Uruguay. Informe 2008, SERPAJ. pg 106-121.
(4) Quizá el caso que tengamos más presente es el de los hermanos Peirano, luego de la crisis del año 2002.
(5) LOIC WACQUANT, Las cárceles de la miseria, Ed Manantial, Argentina, 2000, p 32-33.
(6) Por más políticas focalizadas o por más proyectos solidarios de abrir una cuenta bancaria para financiar una vivienda, los grupos humanos necesitan ser los protagonistas de los cambios y para ello se necesita organización y formación.
(7) HINKELLAMERT, Franz. Las armas ideológicas de la muerte. Costa Rica, 1981.
(8) Para ver un análisis de este proyecto véase www.ideandoescapesblogspot.com: “El plan ceibal, la educación y los espejitos de colores del desarrollo capitalista”.
(9) Al respecto hay una profusa bibliografía que estudia y analiza este tema. Entre otros: BERTINO, MILLOT, Historia económica del Uruguay (T I, II); FINCH, La economía política del Uruguay contemporáneo; VARIOS, El Uruguay del siglo XX: La economía.